El hombre duplicado. Por José Saramango.

"El quinto y último mensaje era de María Paz. -Soy yo-dijo ella, como si en el mundo no existiese ninguna otra persona que pudiese decir "Soy yo", sabiendo de antemano que sería reconocida.- Supongo que llegarás uno de estos días, espero que hayas descansado. Creía que ibas a llamar desde casa de tu madre, pero ya debería saber que contigo no se puede contar para esas cosas, en fin, no importa, quedan ahí las palabras de recibimiento de una amiga. Llámame cuando te apetezca, cuando se te antoje, pero no como quien se siente obligado, eso sería malo para ti y para mí. A veces imagino lo maravilloso que sería que me llamases sólo porque sí, simplemente como alguien que tiene sed y bebe un vaso de agua... Pero ya sé que eso es pedirte demasiado. Nunca finjas conmigo una sed que no sientas... Perdona, lo que quería decirte no es ésto, simplemente desearte que regresaras a casa con salud. Ah, a propósito, mi madre está mucho mejor, en pocos días estará mejor como antes. Un beso, otro, otro más.-
Tertuliano Máximo Afonso rebobinó la cinta y repitió la audición, primero con la sonrisa convencida de quien escucha loores y lisonjas de cuyo merecimiento no parece tener dudas (...)"

"-Si quisieras a María Paz, se lo contarías todo.
-Yo quiero a María Paz.
-La querrás, pero no lo suficiente, si duermes en la misma cama con una mujer que te ama y no te abres con ella, me pregunto qué estás haciendo ahí."

"Miró el reloj, María Paz ya habría regresado del banco. Le dio un cuarto de hora, después marcó.
-¿Quién es?- preguntó ella. -Soy yo.-respondió él.
-Por fin. 
-He llegado no hace ni una hora, sólo me he dado una ducha y he hecho tiempo para estar seguro de que te encontrara en casa.
-¿Has oído el recado que te dejé?
-Lo he oído.
-Tengo la impresión de que te dije cosas que debería haber callado.
-¿Como por ejemplo...?
-Ya no soy capaz de recordarlas exactamente, pero fue como si estuviese pidiéndote por milésima vez que te fijes en mí, siempre juro que no volverá a suceder y vuelvo siempre a caer en la misma humillación.
-No digas esa palabra, no es justa contigo ni tampoco lo es conmigo, a pesar de todo.
-Llámalo como quieras, lo que claramente veo es que esta situación no puede continuar, o acabaré perdiendo el poco respeto por mí misma que todavía conservo.
-Continuará.
-¿El qué? ¿Estás queriendo decir que nuestros desencuentros  van a seguir como hasta aquí? ¿Que no tendrá fin este miserable hablar con una pared, que ni siquiera me devuelve el eco?
-Te digo que te amo.
-Ya he oído otras veces esas palabras, sobre todo en la cama, antes, durante, pero nunca después.
-Y sin embargo es verdad, te amo.
-Por favor, por favor, no me atormentes más.
-Escúchame.
-Estoy escuchándote. Nunca he querido nada como escucharte.
-Nuestra vida va a cambiar.
-No me lo creo.
-Créetelo, tienes que creértelo.
-Y tú ten cuidado con lo que me dices. No me des hoy esperanzas que después no quieras o no puedas cumplir.
-Ni tú ni yo sabemos lo que nos traerá el futuro, por eso te ruego que me concedas tu confianza en este día en que estamos.
-¿Y para qué me pides hoy una cosa que siempre has tenido?
-Para vivir contigo, para que vivamos juntos.
-Debo estar soñando. Es imposible que sea verdad lo que acabo de oír.
-Si quieres lo repito, no tengo dudas.
-Con la condición de que sea con las mismas palabras.
-Para vivir contigo, para que vivamos juntos.
-Repito que no es posible, las personas no cambian tanto de una hora para otra. ¿Qué ha pasado en esa cabeza o en ese corazón para que me pidas que viva contigo cuando hasta ahora toda tu preocupación ha sido hacerme comprender que semejante idea no entraba en tus planes y que lo mejor era no alimentar ilusiones?
-Las personas pueden cambiar de una hora para otra y seguir siendo las mismas.
-¿Entonces es cierto que quieres que vivamos juntos?
-Sí.
-¿Que amas a María Paz lo suficiente para querer vivir con ella?
-Sí.
-Dímelo otra vez.
-Sí, sí, sí.
-Basta, no me asfixies que casi estallo.
-Cuidado, te quiero completa." (...) "Tertuliano Máximo Afonso se fue a la cama cuando todavía no eran las once. (...) Se deslizaba lentamente hacia el sueño cuando María Paz le susurró al oído "Qué maravilloso sería que me llamases sólo porque sí." Probablemente diría el resto de la frase, pero él ya se había levantado, ya se había puesto la bata sobre la pijama, ya marcaba el número. María Paz preguntó "¿Eres tú?" y él respondió, Soy yo, me dio sed, vengo a pedirte un vaso de agua."

Entradas populares