-06- Prefacio de una muerte


Fue un domingo cuando la gota que faltaba en una copa de desaparición, calló. 
En un grado de preocupación, poco afectó ese día a mi copa, por el contrario, a la de él le apuntaron con un rifle de largo alcance y así, silenciosamente, jalaron del gatillo y por segundos cante victoria al ver que no había afectado en nada a la delicada copa de cristal. Analice a fondo y tras una mirada fugaz al recorrido de la bala, con mucha desesperación note que se dirigía hacia su corazón. 
Al ver la perfecta puntería del asesino, intente correr con todas las fuerzas con las que fueron creadas mis piernas, para que finalmente la bala atravesara mi pecho y al no ser detenida ni por corazón, ni por costillas o ya por la espalda, ésta salió con mucha habilidad de mi cuerpo y se estrello contra el de él. 
En el suelo, ambos nos quedamos tendidos, mirando solo los colores rojo y negro de los ojos de nuestro apasionado asesino, para darme cuenta de que yo lo conocía; persona tan cercana y de la que, ni en mis peores pesadillas, jamás habría imaginado una traición como ésta.
El personaje se alejo con una falsa lágrima combinada con una sonrisa de victoria, sólo visible para mi moribundo amado y yo. 
La persona de excelente puntería y mentiroso llanto sale a decir a los demás que lo siente mucho: “...Con mi alma, pero no pude hacer nada. Los hemos perdido." Sí, se refería a mi tesoro más valioso y a mí. 
Así de fácil nos dejo tirados en la sucia mugre del desprecio...De la envidia. 
Las palabras del asesino fueron dichas en minutos y mientras todo ocurría, una mano fría busco con delicadeza mis dedos y los enredó con los suyos.
Los ojos buscaban a su pareja para contemplarla por última vez. La boca seguía su ejemplo queriendo tan solo una oportunidad más para unirse a los labios pálidos de la dama a su lado. 
"Una muerte causada por un hambriento orgullo y una necesidad absurda de destruir sueños." Ésas serian las palabras escritas en nuestra autopsia.
Un sutil envenenamiento hubiera causado menos dolor del que nos invadía a él y a mí.
Las palabras exactas de un prefacio a su muerte fueron: "Yo solo deseaba con la fuerza de mi alma que mi corazón fuera completamente tuyo, pero como ves -dijo con dolor- ahora no te servirá de nada con el agujero que hoy lleva. Quiero que lo último que escuches de mí sea total y claramente la verdad, y así será: Te amo. La amo bella dama, con un indecoroso y a la vez inexplicable deseo, pero te amo." Al tiempo bajaron un par de lágrimas por sus mejillas.
Pensé: -Yo fui quien recibió el impacto de la muerte, no él. ¡Quiero que los dos nos vayamos de este mundo! Quiero que por fin nuestras almas queden juntas por el resto de nuestra eternidad.- Pero mientras pasaban los segundos de mi pensamiento, su mano se iba aflojando de la mía. Yo con fuerza la retuve y me pare. Termine recostada en su pecho, cumpliendo lo que yo mas quería en la vida; que nuestros cuerpos y almas se unieran para jamás despertar. Un beso sello nuestro pacto con la muerte y así un beso fue la llave para nuestro sueño sin fin. 
Ojos desmentidlo, corazón negadlo y tú, maldito pero valiente orgullo, hacedle saber al mundo que lo he logrado, logre encontrar a el amor de mi eternidad.




29.09.2011
Tomada de "Piedra tras piedra" 

Autora: Lina A. Gómez.

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