Quédate.
Buenas noche, caballero. Lo invito a que pase que mi dulce corazón que lo ha estado esperando por varios años.
Dígame, ¿qué desea tomar? ¿Algo de felicidad con amor o prefiere algún otro sentimiento? Porque... en este momento sólo le puedo ofrecer lo primero pero, no hay de qué preocuparse, sólo dígame, caballero, qué desea, que mi alma con gusto ira a conseguir lo que sea que haga falta por verlo sonreír.
¿Cómo ha estado? ¿Sonriendo? ... ¿No? ¿Por qué? ¿Qué es lo que esconde a su dorada sonrisa? Cuénteme, por favor. Haré lo que sea necesario por borrar esas penas de su corazón. Haré lo que sea por demostrarle que ha logrado conquistar a esta mujer.
Así, querido caballero, le prometo con mis letras que es lo más honesto que me queda y me han dejado guardar, que mis palabras y sentimientos hacia usted son reales y que, puede y le pido que confíe en mí cuando le digo que siempre me tendrá a su lado.
¿Distancia? Disculpe, no conozco esa rareza terrestre.
Yo sé que hay cierta cantidad de números que nos separan de cuerpo, ¿pero de mi corazón? Le informo, honesto caballero, que usted de mi corazón y desde que me enamore de su mirada, jamás se ha apartado de su sentir.
Quisiera contarle una de muchas historias de amor, pero mucho me temo que la única historia de corazones embriagados que conozco es la que tengo con... claro, usted.
Me vuelvo a disculpar por mi actitud algo parca pero, espero comprenda que mi dulce morada, es decir este corazón está temblando o palpitando, como prefiera nombrarlo, a millones de suspiros por segundo; ¿por qué? por esos labios rosados por los que usted, caballero, está pasando su lengua en este momento. También por ese par de ojos cafés profundos que me miran a tal grado de querer pasar su vida entera conmigo y ¡qué mas razón que eso para que mis suspiros salgan como mariposas al viento a informar lo mucho que lo amo!
Espero no estar incomodandolo con la presencia de mis esperanzas; ellas querían estar presentes al momento de posar mis labios con los suyos y por fin comprender que, caballero, ¡usted es el hombre de mis sueños!
Oh. Creo que he comentado más de lo debido. Dios. Aquella manía mía de hablar sueños a diestra y siniestra.
Pero... espere... le informo que sobre sus labios se han acabado de posar miles de deseos y pues, en agradecimiento por esa mirada que me hipnotiza, esas mejillas que se sonrojan con mis palabras, ese pecho que necesita de mi compañía tanto como yo necesito de su calor, ese corazón que palpita luchando por los demás... ¡En agradecimiento y por cumplir mis más profundos anhelos! le he de cumplir esos mínimos deseos posados.
Lo amo, caballero de blanco y negro.
¿Acepta vivir en mi pensamiento por el resto de la eternidad?
~Le dedico mis más profundas sonrisas, miradas, besos, abrazos, pensamientos, canciones, días, meses, años, eternidades, amores, esperanzas, deseos, ilusiones, suspiros, experiencias, consejos, apoyo, amistad, caricias, metas, cielos... vidas. Caballero, le dedico mi corazón~
Dígame, ¿qué desea tomar? ¿Algo de felicidad con amor o prefiere algún otro sentimiento? Porque... en este momento sólo le puedo ofrecer lo primero pero, no hay de qué preocuparse, sólo dígame, caballero, qué desea, que mi alma con gusto ira a conseguir lo que sea que haga falta por verlo sonreír.
¿Cómo ha estado? ¿Sonriendo? ... ¿No? ¿Por qué? ¿Qué es lo que esconde a su dorada sonrisa? Cuénteme, por favor. Haré lo que sea necesario por borrar esas penas de su corazón. Haré lo que sea por demostrarle que ha logrado conquistar a esta mujer.
Así, querido caballero, le prometo con mis letras que es lo más honesto que me queda y me han dejado guardar, que mis palabras y sentimientos hacia usted son reales y que, puede y le pido que confíe en mí cuando le digo que siempre me tendrá a su lado.
¿Distancia? Disculpe, no conozco esa rareza terrestre.
Yo sé que hay cierta cantidad de números que nos separan de cuerpo, ¿pero de mi corazón? Le informo, honesto caballero, que usted de mi corazón y desde que me enamore de su mirada, jamás se ha apartado de su sentir.
Quisiera contarle una de muchas historias de amor, pero mucho me temo que la única historia de corazones embriagados que conozco es la que tengo con... claro, usted.
Me vuelvo a disculpar por mi actitud algo parca pero, espero comprenda que mi dulce morada, es decir este corazón está temblando o palpitando, como prefiera nombrarlo, a millones de suspiros por segundo; ¿por qué? por esos labios rosados por los que usted, caballero, está pasando su lengua en este momento. También por ese par de ojos cafés profundos que me miran a tal grado de querer pasar su vida entera conmigo y ¡qué mas razón que eso para que mis suspiros salgan como mariposas al viento a informar lo mucho que lo amo!
Espero no estar incomodandolo con la presencia de mis esperanzas; ellas querían estar presentes al momento de posar mis labios con los suyos y por fin comprender que, caballero, ¡usted es el hombre de mis sueños!
Oh. Creo que he comentado más de lo debido. Dios. Aquella manía mía de hablar sueños a diestra y siniestra.
Pero... espere... le informo que sobre sus labios se han acabado de posar miles de deseos y pues, en agradecimiento por esa mirada que me hipnotiza, esas mejillas que se sonrojan con mis palabras, ese pecho que necesita de mi compañía tanto como yo necesito de su calor, ese corazón que palpita luchando por los demás... ¡En agradecimiento y por cumplir mis más profundos anhelos! le he de cumplir esos mínimos deseos posados.
Lo amo, caballero de blanco y negro.
¿Acepta vivir en mi pensamiento por el resto de la eternidad?
~Le dedico mis más profundas sonrisas, miradas, besos, abrazos, pensamientos, canciones, días, meses, años, eternidades, amores, esperanzas, deseos, ilusiones, suspiros, experiencias, consejos, apoyo, amistad, caricias, metas, cielos... vidas. Caballero, le dedico mi corazón~
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