Nada.

Lo vi.
Vi por fin a aquel hombre que me desvelaba noche tras noche. Que sin saberlo robaba cada segundo de mi pensamiento y no se atrevía a pedirme excusas por hacerlo... Simplemente él creía que podía tomar todo mi tiempo con su belleza, su fragilidad, su ternura, su paciencia, su sonrisa... Su mirada, sus labios, su voz, su respiración, el color blanquecino de su piel, cada lunar situado en su espalda -28 en total, pero silencio, no le digan que los conté- cada centímetro de piel de su espalda, tan suave y tentadora para dormir una madrugada entera ahí... Un "para siempre" no entra en este cuento de fantasía, por más que yo quiera, no cabe.
Yo quiero un cuento escrito por mis manos, por mi experiencia, por mis recuerdos, por mis nostalgias, por mis sentidos... Por mí.
No sé si alguna vez lo he mencionado antes pero mi historia de princesas se quedó en el papel y jamás lo pude sacar de aquel frío lugar.
Claro que es una historia de amor, no lo dudes por segundos. En aquella historia yo no resulto siendo de quien todos sienten lástima y la tratan de ayudar pero luego sorprendentemente conoce a su protagonista de vida... No. No soy ella. Soy la que sueña, la que vive, la que siente.
Un fracaso total sería no contarte pero mis manos no quieren contarte aún. No todavía.
Lamento si mis pensamientos acá no son lo suficientemente dorados para ti, querido lector, pero, hasta acá llego. No creo que puedas espiar en mis más profundos deseos, si fuera así... Dejaríamos de ser unos completos extraños y no quiero perder eso de ti ni tú de mí, créeme. Pero, ¡hey! gracias por leerme.