¿Y qué si a Cenicienta no le hubiera entrado la zapatilla de cristal o qué si la Bella Durmiente no hubiera despertado con ese beso? 

¿Qué si Blanca Nieves se hubiera enamorado de uno de los siete enanitos o qué si Bella besaba a un príncipe para enamorarse de una bestia?

Siempre podemos elegir nuestra propia felicidad.


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