Pero tú...
Si todo saliera como lo planeo, tú, el niño que me gusta, estarías contándome una de tus miles historias mientras me rodeas con tu brazo por la cintura y miramos las nubes pasar.
Por supuesto, nada sale como se planea... Menos en mi vida.
Así resultas tú en tu habitación solo escuchando música, mirando al techo y pensando. (¿En qué? Mi esperanza me dice que en mí) Y así resulto yo tirada en el suelo de mi habitación con el cabello alborotado y mis manos enredadas en él, con la música a todo volumen tratando de callar esos "Te extraño" que me llegan a cada rato a la cabeza.
Finalmente, no diferimos tanto en los finales de nuestro día a día.
No sé tú pero yo sí sueño con dormir contigo todas las noches y, por si no sabes el por qué, me enloquece tu aroma, me tranquiliza tu respiración, me alegra tu presencia, me arrulla tu voz, me hipnotiza tu mirada, me protegen tus abrazos, me fascinan tus caricias; me das paz estando a mi lado.
Un cigarrillo no arreglará nada. Una copa de alcohol tampoco. No para mí.
¿Qué hago, entonces? ¿Llamarte? Necesito oírte.
-¿Aló?
-Hola.
-Oh, eh... Hola.
-¿Cómo estás?
-Lo mejor que puedo. ¿Tú cómo vas?
-Igual. Nada por contar, la verdad.
-Y dime, ¿a qué se debe la llamada?
-No tengo ni la más mínima... Idea.
-¿Te pasa algo?
-Mucho.
-¿Estás bien?
-*Suspira* No lo creo.
-¿Quieres que vaya para allá?
-Estás muy lejos.
-No para ti. ¿Voy?
-No te molestes por mí.
-Voy para allá. No cuelgues.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Dime.
-¿Qué haces conmigo? Me refiero a que... No... No entiendo por qué estás conmigo.
-La respuesta la conoces perfectamente.
-No tiene sentido. Soy un desastre. Soy llorona, sensible, celosa, no puedo estar sola sin derrumbarme... Soy un desastre.
-Por Dios, mujer...
-Es verdad.
-Es lo que tú crees. ¿Sabes, por lo menos, que eres el mundo entero de algunas personas? ¿Que no podrían vivir sin tu locura, sin tu romanticismo, sin tu ternura... Sin ti?
-No conozco a la primera persona que sea así.
-Entonces no me conoces. *La toma de los hombros y le da una vuelta hacia él*
-Tú... Pensé que no vendrías.
-Te dije que vendría.
-*Se abalanza hacia él y lo abraza*
-Hermosa... No eres llorona; tienes un corazón gigante. Tus celos me encantan; sabes que siempre seré tuyo. Y jamás... Escúchame muy bien... Jamás te dejaré sola, ¿me entendiste? *La toma entre sus manos* Eres mi vida entera. Eres lo mejor que pudo llegar a mi vida.
-Pero...
-Nada. Aparte terca, ¿no, mi pequeña?
-Te amo.
-Y yo a ti, amor mío. Te amo.
Un beso tuyo en mi frente, pasando por mis ojos, bajando a mis mejillas, rozando mi nariz para llegar a mis labios... Después de todo, no todo sale como lo planeo pero tú... Tú has sido la coincidencia más hermosa que he tenido en la vida. Gracias por aparecer cuando menos lo esperaba pero cuando más te necesitaba.
Por supuesto, nada sale como se planea... Menos en mi vida.
Así resultas tú en tu habitación solo escuchando música, mirando al techo y pensando. (¿En qué? Mi esperanza me dice que en mí) Y así resulto yo tirada en el suelo de mi habitación con el cabello alborotado y mis manos enredadas en él, con la música a todo volumen tratando de callar esos "Te extraño" que me llegan a cada rato a la cabeza.
Finalmente, no diferimos tanto en los finales de nuestro día a día.
No sé tú pero yo sí sueño con dormir contigo todas las noches y, por si no sabes el por qué, me enloquece tu aroma, me tranquiliza tu respiración, me alegra tu presencia, me arrulla tu voz, me hipnotiza tu mirada, me protegen tus abrazos, me fascinan tus caricias; me das paz estando a mi lado.
Un cigarrillo no arreglará nada. Una copa de alcohol tampoco. No para mí.
¿Qué hago, entonces? ¿Llamarte? Necesito oírte.
-¿Aló?
-Hola.
-Oh, eh... Hola.
-¿Cómo estás?
-Lo mejor que puedo. ¿Tú cómo vas?
-Igual. Nada por contar, la verdad.
-Y dime, ¿a qué se debe la llamada?
-No tengo ni la más mínima... Idea.
-¿Te pasa algo?
-Mucho.
-¿Estás bien?
-*Suspira* No lo creo.
-¿Quieres que vaya para allá?
-Estás muy lejos.
-No para ti. ¿Voy?
-No te molestes por mí.
-Voy para allá. No cuelgues.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Dime.
-¿Qué haces conmigo? Me refiero a que... No... No entiendo por qué estás conmigo.
-La respuesta la conoces perfectamente.
-No tiene sentido. Soy un desastre. Soy llorona, sensible, celosa, no puedo estar sola sin derrumbarme... Soy un desastre.
-Por Dios, mujer...
-Es verdad.
-Es lo que tú crees. ¿Sabes, por lo menos, que eres el mundo entero de algunas personas? ¿Que no podrían vivir sin tu locura, sin tu romanticismo, sin tu ternura... Sin ti?
-No conozco a la primera persona que sea así.
-Entonces no me conoces. *La toma de los hombros y le da una vuelta hacia él*
-Tú... Pensé que no vendrías.
-Te dije que vendría.
-*Se abalanza hacia él y lo abraza*
-Hermosa... No eres llorona; tienes un corazón gigante. Tus celos me encantan; sabes que siempre seré tuyo. Y jamás... Escúchame muy bien... Jamás te dejaré sola, ¿me entendiste? *La toma entre sus manos* Eres mi vida entera. Eres lo mejor que pudo llegar a mi vida.
-Pero...
-Nada. Aparte terca, ¿no, mi pequeña?
-Te amo.
-Y yo a ti, amor mío. Te amo.
Un beso tuyo en mi frente, pasando por mis ojos, bajando a mis mejillas, rozando mi nariz para llegar a mis labios... Después de todo, no todo sale como lo planeo pero tú... Tú has sido la coincidencia más hermosa que he tenido en la vida. Gracias por aparecer cuando menos lo esperaba pero cuando más te necesitaba.